
Nuestras queridas heroínas de la serie Sex in the City son cuatro: Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte. En estos tiempos confusos y de liberación sexual donde el prototipo de hombre metrosexual ya comienza a estar en decadencia, ellas buscan al “hombre 10″, una mezcla del chico del famoso anuncio de la cocacola light, su mejor amigo gay y un hombre “de los de antes”.
Nosotras somos seis: Raquel, Patri, Marta, Inés, Ana y yo misma. No sé si hay mucha similitud con las otras chicas; tampoco estoy muy segura que busquemos lo mismo que ellas; pero desde luego si se puede hacer una comparación cariñosa, Raquel es nuestra Charlotte. Y se ha casado este verano con el hombre de sus sueños. Enhorabuena Raquel y Jacobo.
Las demás teníamos una pequeña responsabilidad que cumplimos encantadas: organizarle a nuestra amiga una despedida de soltera por todo lo alto. Si tuviéramos un presupuesto ilimitado y puestos a soñar, se me ocurre que podíamos llevar nuestros sueños y risas a Nueva York y en lugar de preparar unas camisetas simpáticas, llevaríamos todas unos divinos “manolos” (que viva manolo blahnik!!).
Pero lo interesante es sacarle partido a las posibilidades reales; así que acabamos organizando una megafiesta en Vigo, donde en lugar de seis seríamos nueve; Susana, Isabel y Vanessa no se lo quisieron perder.




No faltó nada; fué uno de esos fines de semana que al haber creado tantas expectativas, hay un temor a que algo se tuerza. Pero no pasó así; todo salió a las mil maravillas y las risas que mantenemos hoy en día cuando nos juntamos y comentamos aquella aventura lo atestiguan. De compras por la calle Príncipe, luego de playa en Samil, los necesarios retoques en el hotel… y por fin ya estábamos sentadas en una limusina blanca camino de la fiesta. Solemos decir que aunque contáramos lo sucedido a partir de las 10, nadie podría imaginarse realmente lo que vivimos en aquella noche calurosa donde lo más importante es que Raquelita no paró de divertirse y nosotras con ella. Misión cumplida chicas!.
El día importante se acercaba y todos, durante las dos semanas previas al enlace, sólo teníamos un pensamiento: la boda.
Pensé que me inundaría de nostalgia llegado el gran día al pensar en el paso que Raquel estaba a punto de dar. No fué así, los que conoceis a la pareja sabeis como yo que están hechos el uno para el otro, que se les ve tan felices que contagian su energía positiva y la boda significaba celebrar el amor que se tienen, así de sencillo y de profundo a la vez.

Tuvieron la boda perfecta, la que se merecían. Creo que ellos disfrutaron mucho y todos los invitados se unieron a esta celebración con alegría, bailes y risas. Gracias Raquel y Jacobo por hacernos partícipes de vuestra felicidad.

Nuestra Charlotte se ha casado, no sé cual de mis amigas será la siguiente pero le deseo la misma suerte que ha tenido Raquel. Mientras tanto yo seguiré disfrutando al igual que Carrie, de las risas con amigos, las salidas nocturnas, mi trabajo, los trapitos, los zapatos, los chicos y de mis amigas. Y no necesariamente por ese orden, je, je.